A la cita un año más – por Josiño

 Un año más comenzaba la temporada de reo y salmón, donde las previsiones no eran muy buenas y para más «desgracia», esta vez no venía Luis con nosotros. Sin embargo, Jose y yo estaríamos acompañados de Jorge, así que al menos éramos un grupo con la intención de pasarlo muy bien.

Este año teníamos una novedad importante en el río Tea y es que en la parte baja se ha creado un tramo libre sin muerte.
Al poco de comenzar, Jorge se estrenó con una trucha y ya se sucedían las primeras picadas.
Tal era la ilusión de pescar en este nuevo tramo, que perdí de vista a mis compañeros, si bien estábamos en contacto por Whatsapp jejeje.
El río nos recibió engalanado con las robinias en flor y entre sus ramas, tratábamos de buscar el cauce del río para ir haciendo sucesivos lances. Los anzuelos sin muerte lo ponían difícil y perdí varias piezas en distintas zonas del río.
En la parte baja pude divisar algún buen reo, aunque este no hizo caso de las cucharillas que utilicé en dicho tramo. Tuve como premio de consolación, otra trucha que esta vez si, llegó a la mano para devolverla al medio.
Tocaba volver sobre mis pasos, para reencontrarme con mis compañeros. De paso fui divisando las estacadas que este año se habían montado, con el propósito de hacerse con las codiciadas lampreas.
Como todos los años, aquí tenía que insistir un poco, porque suele haber alguna pieza de porte en las inmediaciones.
Vista de cerca de una estacada, donde los pescadores de lamprea se valen de los focos, para que por la noche puedan hacerse con este manjar, que lleva degustándose desde hace siglos.
Al fin alcancé a mis compañeros para ponernos al día de la jornada. Jorge había capturado una trucha de buen porte y quizás esa era la captura más destacable hasta el momento.
Tocaba proseguir y Jose tuvo una picada de la omnipresente boga. Un pez que a veces anima las jornadas, cuando los salmónidos están un tanto esquivos.
En la orilla nos encontramos con la cabeza de una lamprea, presumiblemente devorada por alguna nutria o visón americano. Un fatal desenlace para este pez vampiro, que asciende los ríos desde el mar, con fines reproductivos. El más antiguo de los peces conocidos, que continúa visitando estos ríos, a pesar de todas las trabas que aparecen en el camino.
En las grandes tablas de aguas remansadas, las truchas, los reos y los salmones, comparten hábitat. Y es aquí donde ponen a prueba la pericia del pescador. En este caso, Jorge perdió un bello ejemplar de pintona, que no dudó en atacar al señuelo.
Siguiendo la senda del río, tratábamos de hacernos con alguna captura más, pues la hora de la comida ya estaba cerca.
Fue una comida excelente, con la que recuperamos las fuerzas que habíamos consumido por la mañana y que aprovechamos para la tertulia.
Ya por la tarde, decidimos ir a tantear algún bass, ya que Jorge nunca había pescado a uno de estos centrárquidos. Dicho y hecho. No hubo que hacer muchos preparativos, para que nuestro compañero se hiciera con otro cromo más.
Yo hice lo propio y me puse a pescar también. Lo cierto es que a pesar de no contar con los señuelos que más me gustan para estas situaciones, Jose ejerció de anfitrión, para probar una serie de engaños muy efectivos.
Capturamos un gran número de ellos y este fue el broche para una jornada de pesca, que se resume como la llamada de una tradición, un año más. Y espero repetir durante muchos años jejeje.
Dar las gracias a mis compañeros por la agradable jornada de pesca.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados *

Puedes usar estos HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

soporte@donpesca.com
Generated by Feedzy